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viernes, 18 de noviembre de 2011

Habitación en Roma


"Lo que estoy sintiendo en este momento se parece muchísimo al amor"
Alba


Dos mujeres. Dos pasados. Dos almas. Una sola noche.

Lo que algunos se han atrevido a llamar “dos mujeres f* sin parar en un hotel” u otras barbaridades similares, nosotros le llamamos AMOR. Y amor así, en mayúsculas.

Dos mujeres jóvenes que acarrean cada una un pasado distinto. Natasha es una rusa alta, esbelta y tímida. Alba es una española sensual y cómplice del amor y la ternura. Cada una arrastra un pasado distinto que se irá desvelando a lo largo de una noche de pasión, tristeza, erotismo y reflexión. Una habitación en Roma. La ciudad del amor por excelencia casi no llega a aparecer en toda la película, el protagonismo no es suyo, Roma es tan sólo el paisaje de algo que transcurre rápido y lento a su vez.

El lugar es esa habitación de hotel que adquiere una intimidad absoluta. Sus paredes llenas de frescos con motivos mitológicos consiguen protagonizar el descenso de cada lágrima, de cada sonrisa, de cada momento cómplice entre las dos protagonistas. Cada minuto parece un complaciente desafío para Alba y Natasha, que luchan contra la madrugada.

Julio Medem hace un trabajo excelente y decisivo, apostando por un tema tan intenso como polémico. Podríamos decir que trata esta historia de encuentro, pasión y amor de la misma forma en que lo haría con una pareja heterosexual. Pero no es así, no podemos compararlo. La naturalidad, la complicidad y la pasión de dos mujeres que no se preguntan si son lesbianas o no, o qué ocurrirá después de esa noche.

La necesidad de dar y de tomar, sin ninguna dosis de morbosidad. Es difícil crear una historia así con cualquier otra pareja, porque a menudo pierde autenticidad. Pero Natasha y Alba son distintas. O podríamos decir, que Natasha Yarovenko y Elena Anaya hacen que sus personajes sean distintos. Historias de un jeque árabe, identidades inventadas, interrogantes comunes que se resuelven y disuelven en pasión in crescendo, condensada en esa habitación plagada de imágenes del dios Cupido. El sexo adquiere un sentido álgido, el de la conexión y el diálogo entre dos mujeres desconocidamente conocidas.

Un Loving Strangers de Russian Red acompaña esta historia, incapaz de ser previsible o premeditada, y sorprendente al fin. Visualmente cálida y rica, Habitación en Roma encuentra en el sonido una pequeña e intensa recompensa, y en el arte el testimonio más puro. Una pintura de Alberti Leon Battista preside la cama, pero será Cupido el culpable de la desesperación más absoluta, bajo el agua, con el sol amaneciendo tras la ventana.

Fácilmente criticable por el público general, pero difícilmente prescindible para aquellos que, como nosotros, amamos el amor.  

3 colores:

Zowi dijo...

Horror, tres post seguidos sobre bolleras. Arrggg!!!!

Es broma. Esta peli no me gustó, pero a mis dos mejores amigas, que son bolleras, les encantó. Y les encanta Elena Anaya, claro. Que yo de tías no sé, pero es muy guapa.

Besos y agur

Alain Garrido dijo...

Es una de las mejores películas españolas del año pasado. Tampoco creo que haya sido muy maltratada y criticada por el público: el problema es que la vio poca gente y de esa a una parte no le gusto, pero no fue por el mensaje sino por sus virtudes o no cinematográficas.

A mí me encanta Julio Medem y todo su cine y con esta Habitación en Roma me volvió a cautivar: una inmensa historia de amor, de encuentro y desencuentro. Y la dirección! Se nota que Medem es de lo mejorcito de nuestro cine.

el Arcoíris Libre dijo...

Gracias Alain por tu comentario :) ¡deberíamos contratarte para hacer las críticas de cine!

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